Hace algunos años, cuando se evaluaban pacientes con enfermedades raras, los síntomas que presentaban eran la base para formular hipótesis clínicas. En ocasiones, estas hipótesis se podían confirmar mediante pruebas genéticas de un gen específico, buscando mutaciones que pudieran explicar la condición. Sin embargo, si esta aproximación no proporcionaba resultados positivos, la capacidad diagnóstica era muy limitada. 

Hoy en día, esto ha cambiado gracias a la capacidad de secuenciar el exoma —una parte del genoma— e incluso el genoma completo de una persona, y a la progresiva incorporación de esta tecnología en la práctica clínica. En la actualidad incluso podemos entender que las mismas variantes genéticas hacen que una persona desarrolle cáncer a los 30 años y que en otra no se manifieste en toda su vida. “Sin el contexto clínico, la secuenciación genética carece de utilidad. La habilidad del médico para explorar a fondo la historia clínica del paciente y atribuirle un valor clínico a esa variante genética es esencial”, explica la Dra. Ana Patiño, directora de la Unidad de Medicina Genómica de la Clínica Universidad de Navarra. 

En cifras

7.000

enfermedades raras en todo el mundo.

4

años de media en España para obtener el diagnóstico de una enfermedad rara.

El análisis genético resulta valioso para confirmar el diagnóstico de enfermedades raras, especialmente cuando la certeza clínica es difícil de establecer. Además, ofrece beneficios incluso cuando ya existe un diagnóstico clínico sólido, ya que la caracterización de ciertas mutaciones proporciona información pronóstica o predictiva. “Un diagnóstico certero permite hacer un seguimiento adecuado a los síntomas que se esperan por la enfermedad y diseñar una estrategia de vigilancia de los riesgos asociados”, apunta la Dra. Isabel Solares, especialista en enfermedades minoritarias y miembro del Departamento de Medicina Interna de la Clínica. 

Secuenciación en trío para identificar familiares asintomáticos

La forma en que secuenciamos el ADN ha mejorado mucho en términos de facilidad y precisión con el tiempo. “A veces, en función de la sospecha diagnóstica, priorizamos el estudio genético antes que la realización de otras pruebas, ya que es más rápido, eficiente y menos cruento”, explica Solares.

En muchos casos, se realiza un análisis en trío, es decir, se secuencia el ADN del paciente junto con el de sus hermanos o padres. Este enfoque ayuda a explorar todos los posibles patrones de herencia y mecanismos de mutación y, mediante pruebas que tardan entre cuatro y seis semanas en completarse, se logra obtener un diagnóstico certero para el paciente. 

“El paciente es más que su síndrome; es una persona, y es importante que esa persona no esté medicalizada en exceso, especialmente cuando se trata de un paciente pediátrico”
Dra. Ana Patiño

Directora de la Unidad de Medicina Genómica de la Clínica

Adicionalmente, en ciertas situaciones, los estudios genéticos son útiles para encontrar portadores de la alteración genética dentro de la familia. Este aspecto cobra importancia en enfermedades que pueden manifestarse en la edad adulta. “Al realizar el diagnóstico de manera temprana, podemos identificar familiares que aún no presentan síntomas y actuar de forma precoz, mejorando la evolución del paciente”, concluye Solares. 

Más que una etiqueta: la llave a un mundo de posibilidades

Según cuenta Patiño, “la medicina genómica es muchísimo más que poner una etiqueta a una enfermedad: abre la puerta a un mundo lleno de posibilidades”. En ocasiones, pone fin a un largo peregrinaje por diversas consultas médicas que se ha alargado durante años. “El paciente es más que su síndrome; es una persona, y es importante que esa persona no esté medicalizada en exceso, especialmente cuando se trata de un paciente pediátrico”. En este sentido, un diagnóstico temprano evita la cronificación y la excesiva medicalización de las personas con enfermedades raras.

En el manejo de una enfermedad rara, el clínico orienta al genetista para saber qué pruebas realizar.

Además de guiar las decisiones médicas y brindar tranquilidad al paciente y a sus familiares, un diagnóstico de certeza abre la puerta a diversos recursos que contribuyen a una gestión integral de la enfermedad. Estos incluyen ayudas económicas y sociales adaptadas a una discapacidad concreta, la posibilidad de participar en ensayos clínicos o el acceso a nuevos medicamentos cuyo mecanismo de acción está relacionado con la genética específica de la persona. La información también desempeña un papel fundamental en las decisiones reproductivas del paciente, ya que existe la posibilidad de que sus hijos hereden la enfermedad. Además, contar con un diagnóstico facilita el contacto con asociaciones de pacientes y familias que han pasado por el mismo proceso. 

En el campo de las enfermedades raras, la genómica ha marcado un hito significativo y, sin duda, los grandes avances tecnológicos recientes, como la Inteligencia Artificial, están abriendo la puerta a un horizonte lleno de esperanza para estas personas.

Texto:
Laura Lasa
Fotografía:
Manuel Castells

Este artículo ha sido publicado por la Clínica Universidad de Navarra en la revista Noticias.cun.