Qué ha significado para usted ocupar el primer sillón de Cirugía Plástica y Reparadora de la Real Academia Nacional de Medicina? 
Es un gran honor. El hecho de que la disciplina de Cirugía Plástica sea reconocida en España como una disciplina académica, ocupando un sillón en la Real Academia Nacional de Medicina, es un hito muy importante para nuestra especialidad. Y el que sea yo la primera persona que lo ocupe significa un gran honor para mí. Tengo la oportunidad de representar a mi sociedad, a mi especialidad, a nivel nacional e internacional.

Trabajar en la Clínica implica compartir el día a día con residentes y ayudarles en su última etapa formativa. ¿Cómo afronta esa responsabilidad y qué le aporta como profesional? 
El hecho de tener residentes, alumnos de pregrado, posgrado, haciendo tesis doctorales y también haciendo la especialidad, como es el caso aquí del Departamento de Cirugía Plástica, implica estudio personal y estar al día para poder formar bien a las personas desde el punto de vista académico. Supone un reto profesional y te obliga a estudiar, a animar a publicar, a que hagan la tesis doctoral… Y a hacer que estas personas sean buenos profesionales desde el punto de vista académico, investigador y docente, que yo creo que son los tres pilares que cualquier médico debe potenciar. 

¿Cuál diría que es su legado a las generaciones venideras en el ámbito de la Cirugía Plástica? 
La ilusión. Transmitir la ilusión de que un cirujano plástico no se convierta en un mero asistente y, a veces, se limite al ámbito de la cirugía estética, sino que entienda que es una especialidad muy bonita, muy quirúrgica y muy académica. Y no estoy diciendo nada nuevo, sino que en el resto de países de la Unión Europea, incluso en Estados Unidos y en Asia, es una disciplina muy académica, que tiene mucha investigación de base, que es muy puntera en cuanto a desarrollo de nuevas técnicas en el ámbito microquirúrgico, en el protésico o en el investigador. Se potencia, se investiga, se hacen patentes y, sobre todo, es probablemente una de las disciplinas quirúrgicas que está más en desarrollo. Por lo tanto, si consigo transmitir en España ese interés por la docencia y la investigación, yo ya estoy contento. 

¿Hay algo que le hubiera gustado que le enseñaran cuando empezaba y que ahora usted intenta transmitir a los médicos más jóvenes con los que trata diario? 
La verdad es que yo he tenido suerte con las personas que se han hecho cargo de mi formación profesional y académica desde muy pronto. Si no la hubiera tenido, hubiera echado en falta eso. Y cuando digo enseguida estoy hablando de 3º o 4º de carrera. El hecho de que un alumno se ponga a hacer una tesis doctoral en 4º de carrera, que tenga interés en ir a un centro de investigación internacional siendo ya alumno, que vaya haciendo publicaciones… Eso implica no un mérito mío, sino más bien de las personas que se han fijado en mí y que me han formado y me han impulsado. Eso creo que debería de hacerse con más frecuencia en el ámbito universitario. Lo que han hecho conmigo, yo también lo he intentado hacer con una serie de personas, con las que han querido. 

¿Cuáles diría que son los principales retos que van a afrontar las generaciones que vienen ahora? 
Dentro de la medicina me parece que ahora existen una serie de amenazas. Una es la inteligencia artificial, que también es una oportunidad, pero puede tener una parte amenazante. Va a haber pacientes que se van a relacionar con un metaverso al que van a contar sus síntomas, sus inquietudes y sus cosas, y van a obtener una serie de diagnósticos que, después, van a exigir al médico de carne y hueso. Esto supone que esos médicos se van a encontrar pacientes que exijan lo que quieren que se les haga. En la cirugía estética lo veo meridiano. 

Y va a haber problemas de tipo ético, deontológico, incluso legal. Eso, junto con un fondo que hay de base en la sociedad de la medicalización de la normalidad e incluso la medicalización de la felicidad, en el que se va a utilizar la medicina para fines que no le son propios. Es cierto que la medicina ayuda a que las personas estén contentas y más felices, pero se va a utilizar para ser feliz y al médico no le corresponde tanto esa función. Tienen que estar muy atentos y muy bien formados, porque podemos salirnos de lo que es el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de la enfermedad y su dolencia, y que esos fines, que son fácilmente entendibles por cualquiera y por la sociedad misma, se vean manipulados en el futuro, con las consecuencias éticas y legales que pueda tener. 

¿Qué es importante inculcarles a esas generaciones futuras? 
Hay que inculcarles una formación técnica muy buena, que existe en muchos sitios, y una formación humana igual de buena. Si el médico se queda en el ámbito tecnológico, se convierte en un veterinario humano, más o menos. Y si no tiene esa formación ética, deontológica, personal, en virtudes humanas… Va a tener un problema importante de relación con el propio paciente, que puede llevar a frustraciones también importantes en el ámbito de la medicina. 

Texto:
María Marcos Graziati
Fotografía:
José Juan Rico

Este artículo ha sido publicado por la Clínica Universidad de Navarra en la revista Noticias.cun.