Pamplona, 7:45 de la mañana de un martes de abril y Esther Redín entra por la puerta de Consultas de la Clínica Universidad de Navarra. A más de 300 kilómetros, en Madrid, Adriana Marín ingresa por la entrada principal de la Clínica a la misma hora.  

Esther tiene 59 años, está casada y tiene 2 hijas. Le encantan la cocina y la pintura. Se especializó en Cuidados Intensivos y trabajó varios años en la UCI, pero, desde el año 98, ejerce como enfermera especialista en anestesia, una formación en la que la Clínica fue pionera. Por otra parte, Adriana tiene 29 años y hace dos que se casó. Le encanta nadar, además de escribir. El año pasado publicó un relato en el libro solidario titulado “101 relatos de enfermería”, y actualmente cursa el máster de Enfermería de Práctica Avanzada en Investigación, Gestión y Liderazgo. Ambas tienen en común una vocación que han convertido en su profesión y la pasión por el cuidado integral del paciente. En estas páginas nos cuentan su historia.

“Elegí la Clínica porque, al final, se garantiza tu buena práctica y eso te da la satisfacción personal de saber que estás trabajando por dar lo mejor al paciente siendo especialista en tu área”
Esther Redín

Enfermera especialista en anestesia de la sede de Pamplona

Puesta en escena, la preparación

El día en quirófanos comienza temprano. Al traspasar la puerta de los vestuarios, el movimiento se ve y se oye por los pasillos donde se recoge el uniforme. Se intercambian saludos y palabras entre colegas, mientras Esther nos explica qué hace cada una de las personas con las que nos cruzamos. Allí todos tienen una función de cara al paciente: médicos, enfermeras, residentes, auxiliares, celadores, servicio de limpieza se unen para asegurar la calidad y seguridad de su atención, así como, también, hacer de un momento cargado de emociones lo más humano y personalizado posible.  

“La enfermería ha sido siempre un pilar fundamental en la Clínica. Yo elegí este hospital porque al final se garantiza que todos los profesionales estén formados y cuenten con las competencias necesarias para garantizar una práctica excelente de cara al paciente”, señala Esther.  

Esther Redín
Su día a día en CUN Pamplona

Esther se encarga de mantener la seguridad de todo lo que implica el proceso de anestesia, trabajando conjuntamente con el equipo médico y el anestesista. Su lista de comprobación integra:

1. Una primera parada por la dispensadora de medicación, donde recoge los fármacos que necesitará para el proceso de anestesia. Para ello, revisa previamente los datos clínicos del paciente, el procedimiento que se le va a realizar y aquellas enfermedades o situaciones especiales que se apuntan tras la cita previa de pre-anestesia.

2. Tras un camino por lo que parece un laberinto se llega a la sala 3 de Quirófano, donde realiza el chequeo de los dispositivos informáticos, material y medicación. Después de hablar y coordinarse con el anestesista, prepara en unas bandejas todo lo que va a necesitar.

Adriana, en tanto, en coordinación y comunicación con el equipo quirúrgico, se encarga de la preparación del material y el aparataje necesario para la cirugía. Tras revisar las intervenciones que se van a realizar en el día y la casuística de cada paciente, se lava las manos según el protocolo de higiene, se viste con el equipo estéril para proceder a la instrumentación y entra al quirófano, donde le esperan parte de los profesionales que participarán en la cirugía. Es momento de hacer pasar al paciente.

Se abre el telón, comienza la cirugía

Adriana nos cuenta que las tareas son múltiples dentro de quirófano y que el papel de la enfermera va desde la preparación, la gestión del instrumental, el apoyo en la anestesia, el procesamiento de muestras y la intercomunicación con el equipo, hasta el ser capaz de anticiparse a los movimientos del cirujano para que todo fluya coordinadamente. “Tienes que estar con los ojos puestos todo el rato en el paciente, porque en ese momento él no oye, no ve, no siente. Así que te conviertes en sus ojos, su voz, su piel. Tienes que ser consciente del compromiso y responsabilidad que tienes con él”, explica Adriana.

Durante la operación todo el mundo tiene el foco en el paciente. Personas y tecnología se unen para poder curar, aliviar, cambiar la calidad de vida de las personas. La formación que tiene cada uno es un factor vital para poder entregar una atención de calidad. “La Facultad de Enfermería, y luego la Clínica, apuesta porque seas experta en lo que haces, que ofrezcas un cuidado excelente a través de una formación continua, la investigación y la docencia, que son los pilares que nos retroalimentan. Y en la especialización hemos sido pioneros”, comenta Esther.

“Yo quiero seguir siendo enfermera de aquí al día en que me jubile. Mi reto es seguir siendo igual de feliz que lo soy con mi profesión, porque me encanta. Siento que somos la generación del cambio y haremos que esta profesión brille”
Adriana Marín

Enfermera de quirófano en la sede de Madrid

“La enfermería es una ciencia en constante evolución. Para el papel que desempeña la enfermera hoy en día es vital la investigación, la gestión y el liderazgo. El aprender a investigar, gestionar nuestra área, ser líderes en el cuidado. Al final de ese camino nos convertimos en expertas en cuidar a las personas y eso requiere ciencia”, añade Adriana.

Se cierra el telón, el post operatorio

Una vez finalizada la cirugía, se recoge todo y se vuelve a iniciar el ciclo de preparación del quirófano. Aquí juega un papel clave el equipo de limpieza, que se encarga de higienizar el espacio mientras que el equipo clínico acompaña al paciente a la sala de recuperación post anestésica.  

El acompañamiento de los pacientes no acaba en la sala de quirófano. Esther siempre acompaña a sus pacientes y colabora con sus colegas que están en el área de recuperación. “Es un área en la que el paciente está dormido, por lo que, al final, se entrega a nosotros en su cuidado y eso, para los profesionales que estamos a cargo, es algo que nos tomamos muy en serio”, comenta.

Adriana Marín
Su día a día en CUN Madrid

Una cuestión de vocación

Tanto Esther como Adriana coinciden en que la decisión de ser enfermeras comenzó por una vocación de cuidar del otro. Una vocación que fue tomando forma con los estudios de enfermería y con los perfeccionamientos que cada una de ellas ha hecho, y continúa haciendo, en su área de trabajo.

En el caso de las nuevas generaciones de enfermeras que entran en la Clínica, Esther tiene claro lo que busca inculcarles: “que no pierdan nunca el fin de su profesión, que es el paciente. Ellos son la diana de nuestro trabajo; y para ello tienen que formarse de manera continua, saber trabajar en equipo, investigar, formar a los nuevos profesionales y enseñarles a hacer una buena enfermería”, comenta.

Por otra parte, Adriana señala que se han ido formando equipos de investigación en enfermería, y que, así como tiene la posibilidad de formarse a través del máster que actualmente cursa, en la Clínica ve que existe esa posibilidad de desarrollo. “Hay cursos de enfermería basada en la evidencia, se promueve y ayuda para que las enfermeras sean líderes en su profesión, sean investigadoras, aprendan a gestionar su trabajo de la mejor manera posible. Yo estoy muy contenta de trabajar aquí”, concluye.

Texto:
María Marcos Graziati y María Jesús Yáñez Galdames
Fotografía:
Manuel Castells y Pilar Martín

Este artículo ha sido publicado por la Clínica Universidad de Navarra en la revista Noticias.cun.