Soy Carla, nací en Cusco, Perú. Estudié Medicina y la especialidad de Geriatría en mi país. Durante la residencia sentí la llamada por los Cuidados Paliativos y, posteriormente, ese ha sido el camino de aprendizaje que tomé hasta el día de hoy, reconociendo como mi propósito el acompañamiento de las personas al final de la vida y durante la evolución de una enfermedad grave. 

Hace poco más de un año vi la convocatoria de la beca de María Ordoñana – Fellow de Cuidados Paliativos en la Clínica Universidad de Navarra. Pensé que sería una oportunidad para ampliar mi visión sobre el manejo de pacientes en esta disciplina, reconociendo las limitaciones que tenemos en países latinoamericanos como el mío, como el acceso farmacológico y la variedad de tratamientos específicos. Al mismo tiempo, pensé que era una oportunidad para aprender y encontrar recursos que me pudieran ayudar a ser un agente activo en el proceso de desarrollo de los Cuidados Paliativos en mi país y, por qué no, en Latinoamérica.

Llegar a la Clínica ha sido, y es, una suma constante de emociones que se asocian a cada descubrimiento en el día a día. Conocer a quienes hoy son mi nueva familia en el Servicio de Cuidados Paliativos es un regalo; por su paciencia, comprensión y, sobre todo, por sus cuidados, no solo hacia mi persona, sino también hacia su labor. 

Valoro la dinámica de la comunicación constante entre nosotros y con otros equipos, incluso con los profesionales de Atención Primaria. Todo ello tiene un mismo objetivo: el paciente. Ser parte y asistir a las conferencias, charlas y reuniones del Servicio, a las interhospitalarias y a las intercontinentales es un aprendizaje constante. El Servicio de Medicina Paliativa de la Clínica está también muy vinculado con Atlantes, el Observatorio Global de Cuidados Paliativos y, para mí, es un privilegio ser testigo del trabajo maravilloso que realizan. 

Podría seguir describiendo cada descubrimiento al día de hoy y sería necesario aumentar hojas a la revista. En su lugar, resumiré lo gratamente impresionada que me tiene el concepto de una cultura de salud que integra constantemente la educación, la investigación y la asistencia clínica, así como el liderazgo y rol activo de quienes son parte de esta institución y que claramente reafirman el prestigio que tiene.

Soy consciente de que esta es una experiencia que marcará mi vida, como lo hizo a quienes pasaron por mi lugar en años anteriores. Para los meses de aventura que siguen por delante, tengo la seguridad de que seguiré aprendiendo y disfrutando de todos los matices que pueda tener. Siempre con gratitud a la Beca de María Ordoñana, a la Clínica, a mi tutor, el Dr. Carlos Centeno, y a cada persona que sea parte de esta inolvidable experiencia.