Concha Bravo tiene 69 años y vive en Logroño. Un quiste en el cerebro le borró los recuerdos. Pero ha recuperado la memoria en un quirófano. 

Vamos por partes.

Concha nunca ha tenido tiempo para sentarse un minuto. Afirma que su trayectoria ha sido excitante. Siempre entre libros y dedicada a las distintas generaciones de alumnos a los que ha dado clase en el instituto Cosme García, de la capital riojana. Ahora, ya jubilada y con más margen para ordenar su vida y sus recuerdos, echa la mirada atrás y desempolva su otra vocación: la política. 

“He invertido 20 años de mi vida en todo tipo de puestos: desde diputada regional a diputada nacional. Creo que Dios siempre ha estado conmigo, porque cuando dejé la política de forma voluntaria, obtuve rápidamente una cátedra en una universidad privada”, afirma mientras toma un libro de Emilia Pardo Bazán de su biblioteca. 

Concha con su hija, Marina, que fue un gran apoyo durante su convalecencia.

Marina, su hija, sonríe al observarla y reconoce que su madre es incapaz de permanecer quieta: “Me ayuda mucho con mis hijas, pero también tiene que llenar sus horas con muchas actividades. Eso es lo que a ella le gusta. Tener la vida llena de tareas para sentirse plena”. 

Hace unos meses,  en la vida de Concha se abrió un paréntesis. O un stop. Primero empezó a sentir cansancio. Mucho cansancio. “Al principio pensaba que era lo normal, porque ya no soy tan joven. Para mí era lógico que, si trabajaba desde las siete de la mañana, notara ese agotamiento al final del día”, asegura. Sin embargo, a esa fatiga pronto le acompañaron otros síntomas preocupantes en forma de descuidos que se fueron haciendo más importantes con el paso de las semanas.  

¿Qué tipo de olvidos? Pues, por ejemplo, “mientras impartía mis clases, no recordaba el nombre de algún autor o alguna referencia concreta. Pero el problema llegó más adelante cuando, imagínate, también se me pasaba apagar el fuego después de cocinar. Ahí mis hijos se asustaron bastante”. 

Marina explica que veían cómo su madre “iba perdiendo poco a poco la memoria… Hasta que también empezó a fallarle la movilidad. No sabíamos qué hacer con ella”. 

Cámara lenta. Los recuerdos de Concha se fueron volviendo borrosos. Sí. Pero ni ella ni sus hijos pensaron que aquello fuera Alzheimer o alguna enfermedad neurodegenerativa. Cuando Marina vio a su madre arrastrar los pies se fueron a Urgencias. ¿Qué está pasando aquí?

Concha: “Yo me resistía a ir al médico, pero reconozco que no era consciente de mi estado de salud. No me llevaron a la fuerza, pero sí un poco en contra de mi voluntad, porque no me enteraba de nada. Era una situación muy extraña. Sufría cuando notaba que querían dominarme o manejarme, pero porque es mi forma de ser. ¡A mí no me maneja nadie!”. Y ríe. 

Un quiste coloide en el cerebro

Logroño fue la capital de su diagnóstico. El TAC mostró que tenía un quiste coloide en el cerebro: una lesión benigna, pero que es necesario operar para evitar las consecuencias que puede provocar. Con la historia clínica en mano, Marina tomó la decisión: había que acudir a Pamplona. “No sabíamos muy bien lo que era, ni la gravedad de lo que tenía. Pero no dudamos en ir a la Clínica. Yo no tenía capacidad de discernimiento. Eso es algo que perdí en el barullo de la enfermedad. Por eso me dejaba llevar”, recuerda Concha. 

“El sufrimiento del cerebro durante este tipo de intervenciones es mínimo, porque la apertura del cráneo es muy pequeña. Además, pudimos extirpar el quiste completo, algo trascendental para evitar su reaparición”
DR. Bartolomé Bejarano

Director del Departamento de Neurocirugía de la Clínica

Logroño-Pamplona. Una vez en la Clínica, el Dr. Bartolomé Bejarano, director del Departamento de Neurocirugía, confirmó el diagnóstico y ofreció a la familia de Concha una novedosa intervención a través del Nico Brain Path. ¿Y eso qué es? Una tecnología que permite realizar cirugías cerebrales mínimamente invasivas para acceder a lesiones profundas.

El Dr. Bejarano explica que realizó “una pequeña incisión para abrir mínimamente el cráneo. Con la ayuda de un navegador, encontré un surco cerebral para acceder a la lesión sin tener que abrir el cerebro. El sistema Nico Brain Path integra una serie de tubos y cánulas por los que se introducen herramientas quirúrgicas que permiten triturar y aspirar diferentes lesiones”. Tecnología puntera junto a la cabeza de la paciente.

NICO BrainPath para intervenir la estructura profunda del cerebro

El Dr. Bejarano consiguió extirparle completamente el quiste, “algo trascendental para evitar su reaparición”. Y acota que “el sufrimiento del cerebro durante este tipo de intervenciones es mínimo, porque la apertura del cráneo es muy pequeña”.

Concha no recuerda nada de la cirugía, pero sí que la recuperación fue instantánea. “Fue como un milagro. Todo había desaparecido en el mismo momento en el que me desperté. Ni siquiera tuve que tomar mucha medicación. Puedo decir que, a los dos días de la intervención, estaba haciendo vida normal en Logroño”. 

Trajín. Casa. Nietas. Sube. Baja. Piensa. Recuerda.

Unos meses después de la intervención, Concha echa la mirada hacia atrás, porque sus recuerdos vuelven a estar intactos: el día de la boda, el nacimiento de sus hijos, sus autores preferidos, los libros que la marcaron…

Texto:
Alfonso Muerza
Fotografía:
Manuel Castells

Este artículo ha sido publicado por la Clínica Universidad de Navarra en la revista Noticias.cun.