Mi nombre es Màrius Soler, tengo 49 años, casado, padre de 3 hijos, de formación Ingeniero en Diseño Industrial y a los 43 me cambió la vida por completo por un bulto al lado del pezón.

En verano de 2016 me noté un bulto al lado del pezón. Pensé para mis adentros que eso antes no estaba, pero lo dejé pasar. Con los meses el bulto no solo no desaparecía, sino que se hacía más grande y duro, tema que mentalmente me incomodaba. Busqué referencias y en ese momento no me salió ninguna, a parte de una reseña en EEUU en la que sí mencionaba el cáncer de mama en varones. Pero, tanto por la edad que refería (63) como por lo infrecuente que era, no hice caso.

En enero de 2017 me dolió una costilla de tal manera que me dejó postrado en la cama y llamamos al médico de urgencias para que me viniera a visitar. En principio se trataba de una contractura, pero se fijó en que tenía retraído el pezón y no le gustó nada. Fue ahí donde, por segunda vez, me mencionan que también hay casos de cáncer de mama en varones y que debía consultarlo con un especialista.

¿Y a qué especialista consultaba yo siendo hombre? Mi mujer no lo dudó un instante y llamó a su ginecólogo explicándole el caso. Le dijo que me quería ver sin falta al día siguiente. La visita fue rápida. Me exploró, me sentó y me dijo que era un cáncer de mama, que en los hombres también pasa y que me tomara un tiempo sin trabajar, ya que a partir de las pruebas para saber de qué estábamos hablando (subtipo, dimensión, etc.) empezarían un tratamiento u otro.

En ese momento se me paró el mundo. Me invadió la rabia por no ser consciente de que ese bulto, al que no hice ningún caso, podía ser un tumor. Extrañeza, ya que nunca lo había escuchado. Y miedo, pues debido a su baja incidencia no sabía si tenía tratamiento eficaz o no.

Llegaron los resultados. Estábamos hablando de un cáncer de mama Luminal B, HER2 Negativo y metastásico, pues ya se había extendido a los huesos. Renuncié a mi trabajo, hice todos los trámites legales para que mi familia pudiera actuar en caso de un desenlace no deseado, y empecé con la reestructuración de mi esqueleto, pues había muchas lesiones, y con quimioterapia para intentar reducir ese bulto que ya media 5×4 cms.

El cáncer iba muy rápido y el tratamiento no funcionaba, lo que indicaba un mal pronóstico. Durante esas largas estancias hospitalizado me dedicaba a buscar información sobre el tema. No encontraba nada. El desenlace no iba a ser bueno y tenía que hacer algo para que otros hombres en la misma situación fueran conscientes de esa realidad.

Puse toda la máquina a trabajar, llamé a amigos para involucrarlos en todo esto y empezó el briefing de lo que hoy en día es Asociación INVI, la primera asociación en España que trata el cáncer de mama masculino.

La vida, por suerte, se puso de mi lado y en 2018 se aprobaron en España los inhibidores de ciclinas, tratamiento muy innovador que quiso probar mi oncóloga. Gracias a ese riesgo que asumió, pues no era fácil que funcionara, llevo ya 6 años de vida regalados y con calidad de vida aceptable, si no fuera por las intervenciones que me hicieron y que la mermaron seriamente.