Las Instamamis son madres que comparten en redes sociales, sobre todo en Instagram, el proceso de crianza de sus hijos e hijas, la mayor parte de las veces también incluyendo a los padres en los “posts”. Recientemente, un grupo de investigación de la Universidad de Navarra hemos descrito y publicado cómo es la exposición de los menores en las redes sociales en las cuentas de las Instamamis más seguidas en España. En dicho estudio constatamos como la mayor parte de los niños expuestos en redes sociales son preescolares y escolares, en un contexto del hogar. Todas las Instamamis monetizan su presencia en las redes a través de la publicidad de productos como ropa infantil o de adultos, alimentos, etc. Destaca el hecho de que la colaboración de los hijos durante la publicidad incrementa de forma estadísticamente significativa la difusión de los mensajes medido a través del número de likes. Podemos deducir, por tanto, que el uso del menor incide positivamente en la visualización de las publicaciones

En España se calcula que hay más de 9.000 influencers con más de 100.000 seguidores. Muchos de ellos logran vivir de los ingresos que generan a través de las redes sociales. La publicidad de productos de consumo habitual en las redes es una forma de marketing muy efectivo para las empresas. En este contexto, el uso de los menores en las redes sociales por parte de las madres que generan influencia provoca en los usuarios reacciones contrarias. Por un lado, hay seguidores que aprueban y consumen ese contenido sin problemas, y otros que lo rechazan en base a la presencia de niños y adolescentes, que son expuestos de forma continuada.

Sobreexposición y salud

Pediatras, sociólogos y psicólogos han abordado este fenómeno y han manifestado su preocupación por la sobreexposición de los menores sin su consentimiento. Los menores experimentan la creación de una identidad digital prematura, a veces desde el mismo momento de su nacimiento. Esa identidad será difícil de borrar, ya que tendrán que convivir con ella y desconocemos el impacto que puede tener en su desarrollo personal posterior.

De igual forma, sabemos que los adolescentes sienten vergüenza y frustración cuando sus padres, sin su consentimiento, exponen imágenes o vídeos de ellos en las redes. Este sentimiento de rechazo crece en el caso de las adolescentes. En España, en un estudio reciente publicado por Garmendia y colaboradores, un 19% de niños de entre 9 y 17 años critican que sus padres hayan publicado imágenes suyas sin permiso expreso.

Los legisladores disponen de pocos recursos para regular la presencia de los menores, respetando a la vez la patria potestad que deben ejercer los padres. Legislar sobre las decisiones de los padres puede resultar injustamente intrusivo, pero es cierto que determinadas actitudes de los progenitores en redes sociales pueden chocar con el derecho de los menores a su privacidad, a tener un desarrollo personal saludable, y a que no se cree una imagen digital indeseada. En definitiva, la presencia del menor en las redes sociales, así como su uso por parte de sus progenitores, es un tema que merece un debate profundo y multidisciplinar, superando la controversia que pudiera originar, buscando siempre el fin último de proteger a los menores.